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Treintañera necesitada


The Fiend

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Había decidido crear un anuncio en una página conocida para buscar citas casuales. Algo así como “Joven busca alguna mujer para pasar un buen rato”. Sinceramente fue decepcionante pues solo recibía mensajes al WhatsApp de hartos cabrejos que los mandaba a la mrd en una. Ya estaba decidido a borrar mi anuncio cuando en eso recibo un mensaje afirmando ser una mujer. Para confirmarlo le pedí un audio y efectivamente lo era; al fin luego de tanta decepción. Ella se presentó como Martha (así la llamaré), una mujer de 30 años aproximadamente. Seguimos con la conversa a través de los audios. Me comentó que vivía en Piura pero que iba a visitar Chiclayo (mi ciudad) en unas semanas, había visto mi anuncio y que le interesaba. Me dijo que tenía un hijo de unos meses y que su marido era mayor que ella, algo de 20 años, así que no podía disfrutar mucho del sexo con él. Le daba palta conseguirse un amante en su zona, así que iba a aprovechar el viaje para hacerlo cachudo. Entre bromas le dije que me prestaba sin problemas. De pronto, deja los audios y me escribe que su marido había llegado. Me pidió que por favor no le hable, que espere a que ella lo haga. Y así lo hice.

Fue recién al día siguiente que recibo otro audio diciéndome que su marido ya se había ido al trabajo y podíamos seguir con la charla. No me precisó mucho sobre él solo hablamos de nosotros. Me comentó que estaba sola en la casa con su bebé así que aproveché para pedirle compartir fotos. Ella al principio no aceptó así que yo fui quien mandó la primera foto. Ella primero enviaba fotos de su busto o algo sutil, pero con el pasar de los días empezó a desnudarse más, pero nada exagerado. Lo máximo que llegó a mandar fue una foto en ropa interior. Bueno, ella no era la supermodelo. Era lo que esperarías de una mujer de treinta que recién ha sido mamá. Pero para mí eso era lo atractivo de la situación. Luego de ello, me confirma que estará en mi ciudad desde el lunes y que se quedaría por tres días en la casa de una amiga. Según me dio a entender, se quedaría en una especie de pensión y que debíamos aprovechar el martes en la tarde que su amiga salía a trabajar. Seguimos conversando y cada cierto tiempo me repetía eso de que solo le hablé cuando ella inicie la conversa. Eso hice hasta esperar el día indicado.

Desde el lunes que llegó a mi ciudad me dio por fin la libertad de hablarle cuando yo quiera pues ya no estaba su marido que la joda. Seguíamos charlando sobre el martes y ella afirmaba que era la primera vez que hacía esto y que no le parecía tan mal pues eso se gana su marido por no complacerla y estar con ella el tiempo suficiente. Ya el día martes temprano le pido que me confirme su dirección y la hora. Me mandó ubicación en tiempo real y me dijo que vaya a eso de las dos o dos y media pues a esa hora su amiga ya se habría ido y era la hora en que su bebé dormía. Yo ya estaba impaciente esperando la hora. Bueno,llegué a eso de las dos y veinte y la llamó para confirmarle mi llegada. Ella desde la ventana del tercer piso me saluda y me lanza unas llaves y me hace las señas de que entre: “El primer cuarto del tercer piso”. Eran varios cuartos donde alquilaban estudiantes hasta familias, trate de pasar lo más raudo y caleta posible hasta tocar a su puerta y al fin conocernos… Las fotos se hicieron realidad: piel trigueña, con algo de maquillaje, de 1,60 más o menos, un jean, polito y unas sandalias, era lo que esperaba. Me hizo pasar rápido y ya adentro nos saludamos amablemente. Me comentó que su bebé estaba en otra habitación y que evitemos la bulla para despertarlo y bueno también para que los vecinos no hagan problemas a la dueña. “Mi amiga acaba de irse así que tenemos tiempo. Aprovechemos” me dijo mientras nos dirigíamos a la cama.

Ya en la cama me quito el polo, me acosté y le pido que se eche encima mío. Ella sonrío pero lo hizo. Le empecé a dar besos en las mejillas hasta llegar a sus labios con unos piquitos. Al principio se resistía, pero luego de unos besos suaves en el cuello llegaron los chapes como se debe. Después le quité lentamente el polito y dejarla en brasier, al verlo pensé: “Es parecido al de las fotos que me mandó”. Continuaba besando su busto, llevó mis manos hacia su espalda para quitárselo y ver sus senos. Empecé a besarlos y mamarlos, algo suave pues esas tetas se veían cargaditas. Hasta ese momento ya estaba fierro y ella lo hizo notar con los movimientos que hacía. Lentamente la tomé de la cintura y me pongo yo encima de ella. Le quitó ese jean que le quedaba apretadito. En ese momento noté que su tanga era la misma a la de las fotos, no me resistí y le pregunté. Ella me responde: “Sí, es la misma de la foto. Pensé que te gustaría vérmela puesta” “Por su puesto” le dije. Así que hice la tanga a un costado y le empecé a dar su respectivo oral. Lentamente iba recorriendo su concha mientras la levantaba levemente de la cintura. Llegué a un punto donde ella dio un brinco y empezó a tomarme del cabello para encender el momento. Así estuve por un buen momento hasta quitarle la tanga y dejarla completamente desnuda.

Luego me pongo de pie y me puse una de los preservativos que había llevado. Me lo pongo y sin necesidad de pedírselo ella me ofreció una mamada. Me paré al filo de la cama y ella empezó a acercarse. Se puso en cuatro mientras me hacía la mamada. No era una experta, pero al menos se defendía. Por momentos sentía que se atoraba, pero al contrario parecía que lo disfrutaba pues levantaba su mirada y me sonreía. Así fue por algunos minutos hasta que dejó mi verga y se acostó en la cama abriendo las piernas invitándome a penetrarla. Me acerqué a ella y lentamente fui introduciendo mi verga. A pesar de haber sido mamá se sentía muy bien y ajustaba rico. Le empecé a dar, al principio suave para luego darle como había querido desde el día en que me propuso conocernos. Ella no se resistía y empezó a cogerse de la cabecera de la cama y lanzar unos leves gemidos. Luego le pido que se ponga en cuatro para seguir con la faena. Mucho mejor el ajuste y la vista fue excelente. Seguía lanzando sus gemidos y como para encenderla más, le tapo la boca con una mano mientras la otra, la toma de la cintura. Cada vez era más notorio la humedad de su concha, se nota que le faltaba un buen cache. Después le pido que se apoye en la pared, ella me dijo que nunca lo había hecho así y yo le dije que lo hiciera que le iba a gustar. Fue delicioso ver como apoyaba sus palmas y dejaba ese culo solo para mí. Entré de forma lenta y le empecé a dar esta vez con más fuerza. Ya sentía que me venía. Ella lanzaba gemidos cada vez más fuerte. En ese momento me acerqué a su oído a decirle “Esto no te hace tu marido, verdad. Estabas esperando un buen cache cierto”. Ella se volteaba a mirarme fijamente y solo asentaba con la cabeza mientras resistía los gemidos. Así fue hasta que no aguanté y me vine. A la mrda fue un señor polvo.

Antes de cambiarnos tomamos un poco de agua para recuperar energía y seguimos charlando sobre nosotros. Ella agradecía que su bebé no se haya despertado. Entre conversación y bromas el tiempo pasó volando. Ya debía irme. No perdí la oportunidad en preguntarle cuando podríamos repetirlo. Ella viajaría al día siguiente e iba a pasar las pocas horas con su amiga. Así que tendría que esperar hasta su próximo viaje. “Ojalá no demores” le dije. Me despidió no sin antes recordarme que cuando ella esté en su tierra yo no debía escribirle sino esperar su mensaje.

Luego de algunos meses ya no supe más de ella e incluso el número con el que me contacté con ella ya no tenía WhatsApp. Al cabo de un tiempo decidí ya no estar tan al pendiente de su respuesta y conservar a Martha como un buen recuerdo y una experiencia que estoy seguro pocos me creerían. Sin embargo, justo para la quincena de diciembre recibí un audio de un número que no tenía agregado: “Hola, soy Martha. Este es mi nuevo número. Iré a celebrar las fiestas a Chiclayo. ¿Aprovechamos para vernos?”…       

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