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En la ciudad de Francisco...


Capitán Futuro

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En la ciudad de Francisco el modesto pastorcillo dedicado a la porcicultura, el que luego se hiciera prácticamente un rey en medio de nativos de tierras lejanas y desconocidas, un explorador valiente, un conquistador, odiado e incomprendido durante siglos, pero que dejó su notoria e insoslayable huella en la Historia de la ciudad en la que siglos después acaeció una pequeña historia de aventura sin fin y que narraremos hoy.

En los primeros años de la tercera década del siglo XXI. Y en un día soleado como hoy, me dispongo a encaminarme hacia la casa de citas del Sol Naciente en cuyos interiores esperan las señoritas educadas en las artes de la complacencia somática, en favor de caballeros que puedan entregarles un puñado de las monedas circulares más hermosas y mejor acuñadas del mundo en un lustroso plateado metálico en cuya superficie el Sol refleja su potente luz.

Antes que nada, me baño, me peino, me arreglo, me perfumo y me visto como un distinguido caballero de mi época, llevando conmigo las tan necesarias monedas plateadas, y de un brillo reluciente y esperanzador que mucho parece prometer.

En este siglo, la ciudad es gigante. Trazada la ruta, gracias a los mapas modernos de orientación, empezamos el recorrido desde el lugar emblemático, pasando por el país que une las dos piezas continentales, el morisco, la civilidad cuidada, el castillo nuevo en el verdinal, el búfalo paseando por el rosedal, el cuerpo de Ottawa, rodeando, árbol de dulzuras, el gato gigante del valle de Cantabria, los paisanos y la beata del pueblo. Habiendo atravesado, 2.69 leguas de viaje extraordinario, por siete casas del zodiaco, y en virtud a la fuerza motriz de la locomoción bípeda que millones de años de la evolución orgánica nos ha otorgado a lo largo de los eones,... hasta que finalmente, nos encontramos con el portal rojo, rojo como un corazón pasional enrevesado sobre las nubes blancas de la felicidad. Unos demonios, incrédulos de tu bondad y nobleza, se aseguran de que no seas como ellos. Te adentras en un segundo ambiente, esta vez cerrado, y te piden una colaboración para la construcción de la catedral, diez piezas lustrosas acuñadas en honor escondido a Francisco y a la vez en su contra. Luego, se abre ante tus ojos, un tercer umbral de silicio, el material de todas las computadoras, incluida ésta, la que te permite recibir esta historia que habéis de guardar celosamente, contádsela sólo los que améis, y acudid a la cita esperada. Mi llegada a la cita ocurre en el momento justo del crepúsculo de la tarde, en que el Sol arroja sus últimos destellos de luz y da paso a la envolvente oscuridad de la noche, en la que los tenues neónes son la única fuente de luz, artificial.

A mano izquierda, se abre el túnel de la ansiedad, puedes oír el fuerte palpitar de tu corazón que se trasladó a la única cabeza que en ese momento es capaz de pensar, la de arriba, mientras caminas por el techo de ese túnel y sientes que tu mundo se puso al revés y de cabeza instantáneamente. Recorres el túnel sicalíptico y psicodélico con cautela, sombrías figuras van y vienen y pasan por tu lado, almas en pena esperando a los lados de ese túnel, esperando no sé qué, tal vez a que pene menos su acongojada esperanza de una vida mejor mientras la naturaleza fluye como un río lleno de peces desesperados por vivir y donde los osos pardo aprovechan la ocasión para darse un festín. 

Continúas caminado y antes de que el túnel se transforme en un codo que te invita a ir hacia la dirección siniestra con un cruce de una dirección derecha que no existe... Sólo existe el continuar derechamente o el irse a bailar la escena preparada con pequeño arlequín azuzador hembra que desea bailar con diablito que llevas dentro.

En la esquina del espejismo del oasis confuso y aparentemente milagroso, vi la figura de un cuadrado y un pentágono, símbolo del aprendiz apunto de hacerse maestro, y bajo ella, erguida la religiosa en otro pequeño umbral hacia lo desconocido que pretende ser conocido pero que se escurre como arena entre los dedos y se pierde como una gota de lluvia en el océano, ¡pero cuán agradable se siente mientras esa arena fluye candorosa y cálidamente por la piel! Una monja nacida y venida de la mitad del mundo está parada en ese umbral, esperando por ti; vestida con hábito del color del rayo que infunde su colorida luz por todo el cielo, de oriente a occidente, en tormenta eléctrica feroz sobre las alta cumbres de los Andes; y llamada "Te-amo" según expresión de civilización gemela. Ella espera por ti, promete alegría sin igual, mostrándote el ingreso y umbral del pequeño túnel a la felicidad prometida, tan pequeño que sólo una representación en miniatura de ti podrá acceder, pero él es tan fiel compañero que te sabrá contar el resto de la historia sin que te pierdas de ningún detalle. Dada la invitación, atraviesas el umbral que la enmarca, en pos del pequeño umbral prometido que yace en ella, la mulier, en la unión de sus miembros inferiores.

Después de una breve danza de la alegría sin motivo aparente, y habiendo sido vestido el astronauta con traje especial y espacial, visualizamos previamente, la escotilla de la nave, apunto de abrirse hacia la exploración del espacio profundo y sideral, con sonda espacial y especial que Dios te dio al nacer, para la exploración de ese túnel oscuro, hacia un mundo que no terminas de comprender ni sabes por qué haces lo que haces; pero estás ahí, intentando ser feliz como se pueda.

Canis majoris; canis minoris; la amazona cabalgando ferozmente en batalla contra los hunos, con arco y flecha en mano, disparando a sus enemigos sus flechas invisibles, caen los descuidados que creyeron que las clases de herrería y forja no eran necesarias, y no se tomaron disciplinadamente el tiempo y la paciencia de fabricarse previamente para sí mismos la armadura forjada de acero, y protectora de la flecha del hechizo seductor; el misionero cristiano que se fue a explorar la China y regresó confundido con libro de Confucio. Muchas posturas, my brother!, tantas que me olvidé de contar. Y mucho roce de delicados trajes espaciales naturales y sensibles, el tuyo y el de ella. Al final, no sabes lo que pasó, ¡pero se sintió bien! El traje del astronauta es extraído con un recuerdo de ti en su interior que será tristemente olvidado para siempre junto al de otros tantos que nunca nacieron ni nunca nacerán, llevados y arrojados al abismo de la nada, pero no sabes exactamente por qué ni para qué pues al igual que tú, fueron engañados por algo o alguien, pero estás totalmente confundido, no sabes identificar al qué o al quién, y como tienes que seguir viviendo, olvidas de pronto esas cuestiones que consideras que no tienen importancia. Pero deseas volver, porque la sensación fue agradable, pues aquel ser femenino venido del otro lado de las montañas, supo cómo cautivarte, y te vas feliz y triste al mismo tiempo; feliz porque sentiste que hubo algo personal, mágico e íntimo sin quizás haberlo habido realmente mientras pasaste algunos pequeños momentos de intimidad en el interior de ese pequeño aposento al lado esa anfitriona anónima, o quizás sí lo hubo, aunque eso sólo Dios lo sabe, pero ya no importa; y triste porque tu momento de pocos minutos de duración se acabó y debes irte... aunque con la esperanza en tu corazón y en tu mente de volver, un día (noche) no muy lejano, a aquel pequeño habitáculo en el que habita la muchacha dispuesta y de mirada cautivadora.

A pesar de todo, sabes que eres un hombre noble y fuerte, que ninguna flecha de ninguna amazona puede herirte, que has podido controlar a la bestia que llevas dentro, y que en tu corazón sólo hay espacio para la gallardía, la hidalguía y el amor por la humanidad, incluyendo las amazonas, que por muy fieras o salvajes, terminan comprendiendo que deben respetar tu luz.

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Al final del día, te das cuenta que las putas no te dan una satisfacción plena, que sólo son un desfogue improvisado y mal implementado la mayoría de las veces. No obstante, ellas representan un ambiente muy atrayente para el hombre promedio. No sé si todos han querido acercarse a ese ambiente alguna vez en sus vidas aunque fuera por simple curiosidad, pero un gran porcentaje de los hombres han sentido esa curiosidad, y es tema de conversación infaltable en círculos de amigos. A pesar de todo, quizás con ellas la vida sea más tolerable para algunos o muchos, que hasta hay una página para categorizarlas, describirlas, y para charlar sobre ellas.

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