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Una historia que me marcó


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Quiero compartir una experiencia que viví hace un tiempo, una de esas que llegan sin planearse y terminan dejando una huella inesperada. Todo comenzó revisando anuncios por curiosidad; entre tantos, encontré el de una kinesióloga que ofrecía servicios que despertaron mi interés. Su forma de expresarse, amable y directa, me generó confianza, así que después de varios intercambios de mensajes decidí conocerla.

El día del encuentro la vi por primera vez: una mujer de sonrisa cálida, presencia segura y una elegancia natural. Me recibió con amabilidad, y desde el primer instante noté esa mezcla de profesionalismo y encanto que solo algunas personas tienen. La conversación fluyó con naturalidad y poco a poco la tensión del primer encuentro se transformó en cercanía.

Me recibió con tacos altos y una blusa transparente donde se veía unos senos grandes y bellos, le pedí bañarme antes de iniciar el encuentro y disfrutarla lo cual ella dijo que le parecía bien, Sali de la ducha y empezamos cuanto tetas has cansarme la puse de espalda besando su cuello y espalda y por supuesto el muchacho sobando todo ella es bajita 1.56, yo de estatuta1.81 cambiamos a otra posición me dijo hecha y empezó el mamei, la hembra sabia vivirla me dejo hacerle de todo antes de penetrarla, y de pronto la hembra no aguanto más y se sentó y entro todo el brazo de bebe donde ella la empezó a vivirla luego dije amiga el condón, sigamos y seguimos hasta que ella se le vino una vaseada que quede todo mojado de ella, por mi parte demoro en vasearme, ella empezó a decirmo esto está mal esto está mal tu vienes a cacharme y llenarme y yo soy la que me estoy vaseando y seguir diciendo esto está mal, le dije que le voy a cobrar a manera de broma,

Con el tiempo, esa primera experiencia se convirtió en algo más constante. Nos seguimos viendo durante casi un año, y aunque la relación comenzó con un propósito claro, terminó tomando matices más profundos. Había cariño, complicidad y una conexión que iba más allá de lo físico.

Ella era una mujer madura, entre los cuarenta y tantos, con una forma de ver la vida directa y realista. Me enseñó, sin proponérselo, que las relaciones —por más informales que parezcan— pueden dejar aprendizajes valiosos. En mi caso, comprendí que a veces uno se involucra más de lo que imagina, y que no todo vínculo está destinado a durar, aunque deje buenos recuerdos.

Hoy, cada vez que por casualidad veo su anuncio, siento una mezcla de nostalgia y gratitud. Aquella etapa quedó atrás, pero me dejó claro que incluso las historias breves pueden enseñarnos mucho sobre el deseo, la conexión y el desprendimiento.

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