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tudelft

Crónica de una perdida de castidad anunciada

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tudelft

Era el baby shower de un amigo de promoción de la secundaria. La oportunidad perfecta para ver a mis compañeros del colegio, esos con los cuales hacíamos travesuras y recordar las épocas grandiosas de nuestra adolescencia. Jorge era alto, pícaro, enjundioso con la pelota, bromista natural; Andreé era cabezón, flaco, desgarbado, gran jugador de básquet, el mejor quién sabe de la promoción; Gambito era gordito, esperpento, dotado de perspicacia y carisma sin igual. Llegada la noche, se respiraba un ambiente bohemio en la que, con el pasar de las horas surgió la siguiente conversación: 
-Despierta, chato  –me dijeron-. Nos vamos al chongo.
Procurando no levantar sospechas, me despedí de don Lucho deprisa y subí al camión de Gambito : el Chawimovil.
-Hoy vas a debutar –me dijo uno de ellos.
Quince minutos más tarde, estábamos en un burdel en las afueras de Los Olivos. La entrada costaba 10 soles. El portero no dejó entrar a Arturo y como no contaba con efectivo tuvo que quedarse afuera a cuidar el auto con el que habíamos llegado. No era la primera vez que visitaban esa casa de citas. Algunos clientes desastrados apuraban un trago en la barra. Una tenue luz difuminaba los rostros o los hacía espectrales. Sonaba una música lánguida, decadente, con sabor a despecho. Un puñado de mujeres en ropas apretadas, sugestivas, esperaban con aire resignado, como si tuvieran turno con el dentista.

Entendí, ya tarde, que mis amigos se habían obstinado en que, a mis veinticuatro años, era hora de que copulara con una mujer. Yo era casto, o virgen, o estaba invicto, cero kilómetros, como se dice en el habla coloquial de la ciudad. Y ellos, mis amigos, tan pícaros, querían estrenarme, inaugurarme.
-Ya te toca, Chato.
-Hoy remojas el payaso, Chato.
-Dale hasta por la oreja, Chato.
Me decían así, Chato. Me tenían aprecio. Eran de la misma edad que yo. Me veían como a un hijo o un hermano menor. Les parecía extraño que el mundo me atrajera más que el de las fiestas, los tragos y las mujeres. Soy un joven resabido, revejido. Querían espabilarme. Un buen polvo, pensaban, me convertiría en el cachero que ya entonces quería ser.

Encontramos a Vanessa, una morena de cuerpo esbelto y sonrisa risueña con la que mis amigos propusieron como pareja idónea para esta nueva aventura. Como no tenía efectivo, pagué con tarjeta 70 soles (en efectivo era 50) más dos soles que costó el preservativo y propusimos a ir al cuarto donde  encontré a Gambito y su meretriz esperando que haya un cuarto disponible. En plena espera, Jorge y Andreé, palmas al hombro, me daba unos tips para que mi experiencia sea lo más placentera posible. Ella, me contó que estudiaba Farmacia y Bioquimica en la Universidad Central de Venezuela y  que por la ya acrecentada crisis política, económica y social de su país tuvo que emigrar hacia el Perú en busca de un futuro brillante tanto para ella como su familia. Ya en el cuarto, propusimos a desvestirnos y procedió a colocarme el preservativo y lubricante y procedió con el fellatio. Duró unos 5 minutos aproximadamente. No visitó boloñas. Noté que tenia frenillos en la boca pero sabía como no lastimar el miembro viril que había salido de la cueva listo para la batalla. Una vez terminado con el fellatio, procedió a cabalgarse encima mío con sus piernas en cuclillas encima de la cama. Yo estaba recostado boca arriba y noté que tenía un piercing en el ombligo. A continuación, procedió a recostarse encima mío y con sus rodillas en la cama procedimos con la pose del misionero conmigo boca arriba. Pude tocar sus pechos que eran pequeños pero firmes, parecían dos limones. Después cambiamos a la pose del perrito, le pedí el adicional pero me dijo que no daba ese servicio así que no insistí y procedí con el ajetreo. Le di su respectiva nalgada y la flaca preocupada porque no me venía propuso cambiar de pose ella recostada mirando boca arriba y yo encima de ella con sus piernas al aire libre. Estuvimos así un buen rato hasta que cambiamos y recostó sus piernas en mis hombros y procedí a penetrarla meneando mi cuerpo como si de un baile se tratara. Finalmente no pude mas y me vine asi que la flaca se fue al baño y a mi me alcanzo ph y nos vestimos otra vez. Me dio su número para llamarla por 150 la hora puedo tener todos los polvos que quiera me dijo asi que acepté por cortesía mas no la volveré a llamar porque detesto repetir y me gusta probar cosas nuevas.
Edad: dijo 24 años (si los aparenta)
Tiempo en el labruro: Dos años quizás. 
Tatuajes, señas particulares: Solo un piercing en el ombligo
Servicio anal, adicional: No lo da.
Higiene: La flaca se lavó con ph al final. No noté malos olores
Local: Cama con espejo y amplia, para ver todas las poses
Volverías: Dije que no me gusta repetir

 

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mchahuaq
hace 1 hora, tudelft dijo:

Era el baby shower de un amigo de promoción de la secundaria. La oportunidad perfecta para ver a mis compañeros del colegio, esos con los cuales hacíamos travesuras y recordar las épocas grandiosas de nuestra adolescencia. Jorge era alto, pícaro, enjundioso con la pelota, bromista natural; Andreé era cabezón, flaco, desgarbado, gran jugador de básquet, el mejor quién sabe de la promoción; Gambito era gordito, esperpento, dotado de perspicacia y carisma sin igual. Llegada la noche, se respiraba un ambiente bohemio en la que, con el pasar de las horas surgió la siguiente conversación: 
-Despierta, chato  –me dijeron-. Nos vamos al chongo.
Procurando no levantar sospechas, me despedí de don Lucho deprisa y subí al camión de Gambito : el Chawimovil.
-Hoy vas a debutar –me dijo uno de ellos.
Quince minutos más tarde, estábamos en un burdel en las afueras de Los Olivos. La entrada costaba 10 soles. El portero no dejó entrar a Arturo y como no contaba con efectivo tuvo que quedarse afuera a cuidar el auto con el que habíamos llegado. No era la primera vez que visitaban esa casa de citas. Algunos clientes desastrados apuraban un trago en la barra. Una tenue luz difuminaba los rostros o los hacía espectrales. Sonaba una música lánguida, decadente, con sabor a despecho. Un puñado de mujeres en ropas apretadas, sugestivas, esperaban con aire resignado, como si tuvieran turno con el dentista.

Entendí, ya tarde, que mis amigos se habían obstinado en que, a mis veinticuatro años, era hora de que copulara con una mujer. Yo era casto, o virgen, o estaba invicto, cero kilómetros, como se dice en el habla coloquial de la ciudad. Y ellos, mis amigos, tan pícaros, querían estrenarme, inaugurarme.
-Ya te toca, Chato.
-Hoy remojas el payaso, Chato.
-Dale hasta por la oreja, Chato.
Me decían así, Chato. Me tenían aprecio. Eran de la misma edad que yo. Me veían como a un hijo o un hermano menor. Les parecía extraño que el mundo me atrajera más que el de las fiestas, los tragos y las mujeres. Soy un joven resabido, revejido. Querían espabilarme. Un buen polvo, pensaban, me convertiría en el cachero que ya entonces quería ser.

Encontramos a Vanessa, una morena de cuerpo esbelto y sonrisa risueña con la que mis amigos propusieron como pareja idónea para esta nueva aventura. Como no tenía efectivo, pagué con tarjeta 70 soles (en efectivo era 50) más dos soles que costó el preservativo y propusimos a ir al cuarto donde  encontré a Gambito y su meretriz esperando que haya un cuarto disponible. En plena espera, Jorge y Andreé, palmas al hombro, me daba unos tips para que mi experiencia sea lo más placentera posible. Ella, me contó que estudiaba Farmacia y Bioquimica en la Universidad Central de Venezuela y  que por la ya acrecentada crisis política, económica y social de su país tuvo que emigrar hacia el Perú en busca de un futuro brillante tanto para ella como su familia. Ya en el cuarto, propusimos a desvestirnos y procedió a colocarme el preservativo y lubricante y procedió con el fellatio. Duró unos 5 minutos aproximadamente. No visitó boloñas. Noté que tenia frenillos en la boca pero sabía como no lastimar el miembro viril que había salido de la cueva listo para la batalla. Una vez terminado con el fellatio, procedió a cabalgarse encima mío con sus piernas en cuclillas encima de la cama. Yo estaba recostado boca arriba y noté que tenía un piercing en el ombligo. A continuación, procedió a recostarse encima mío y con sus rodillas en la cama procedimos con la pose del misionero conmigo boca arriba. Pude tocar sus pechos que eran pequeños pero firmes, parecían dos limones. Después cambiamos a la pose del perrito, le pedí el adicional pero me dijo que no daba ese servicio así que no insistí y procedí con el ajetreo. Le di su respectiva nalgada y la flaca preocupada porque no me venía propuso cambiar de pose ella recostada mirando boca arriba y yo encima de ella con sus piernas al aire libre. Estuvimos así un buen rato hasta que cambiamos y recostó sus piernas en mis hombros y procedí a penetrarla meneando mi cuerpo como si de un baile se tratara. Finalmente no pude mas y me vine asi que la flaca se fue al baño y a mi me alcanzo ph y nos vestimos otra vez. Me dio su número para llamarla por 150 la hora puedo tener todos los polvos que quiera me dijo asi que acepté por cortesía mas no la volveré a llamar porque detesto repetir y me gusta probar cosas nuevas.
Edad: dijo 24 años (si los aparenta)
Tiempo en el labruro: Dos años quizás. 
Tatuajes, señas particulares: Solo un piercing en el ombligo
Servicio anal, adicional: No lo da.
Higiene: La flaca se lavó con ph al final. No noté malos olores
Local: Cama con espejo y amplia, para ver todas las poses
Volverías: Dije que no me gusta repetir

 

La mejor historia q e leído en mi vida, tienes la suerte de tener buenos amigos suerte don pendejo

hace 1 hora, tudelft dijo:

Era el baby shower de un amigo de promoción de la secundaria. La oportunidad perfecta para ver a mis compañeros del colegio, esos con los cuales hacíamos travesuras y recordar las épocas grandiosas de nuestra adolescencia. Jorge era alto, pícaro, enjundioso con la pelota, bromista natural; Andreé era cabezón, flaco, desgarbado, gran jugador de básquet, el mejor quién sabe de la promoción; Gambito era gordito, esperpento, dotado de perspicacia y carisma sin igual. Llegada la noche, se respiraba un ambiente bohemio en la que, con el pasar de las horas surgió la siguiente conversación: 
-Despierta, chato  –me dijeron-. Nos vamos al chongo.
Procurando no levantar sospechas, me despedí de don Lucho deprisa y subí al camión de Gambito : el Chawimovil.
-Hoy vas a debutar –me dijo uno de ellos.
Quince minutos más tarde, estábamos en un burdel en las afueras de Los Olivos. La entrada costaba 10 soles. El portero no dejó entrar a Arturo y como no contaba con efectivo tuvo que quedarse afuera a cuidar el auto con el que habíamos llegado. No era la primera vez que visitaban esa casa de citas. Algunos clientes desastrados apuraban un trago en la barra. Una tenue luz difuminaba los rostros o los hacía espectrales. Sonaba una música lánguida, decadente, con sabor a despecho. Un puñado de mujeres en ropas apretadas, sugestivas, esperaban con aire resignado, como si tuvieran turno con el dentista.

Entendí, ya tarde, que mis amigos se habían obstinado en que, a mis veinticuatro años, era hora de que copulara con una mujer. Yo era casto, o virgen, o estaba invicto, cero kilómetros, como se dice en el habla coloquial de la ciudad. Y ellos, mis amigos, tan pícaros, querían estrenarme, inaugurarme.
-Ya te toca, Chato.
-Hoy remojas el payaso, Chato.
-Dale hasta por la oreja, Chato.
Me decían así, Chato. Me tenían aprecio. Eran de la misma edad que yo. Me veían como a un hijo o un hermano menor. Les parecía extraño que el mundo me atrajera más que el de las fiestas, los tragos y las mujeres. Soy un joven resabido, revejido. Querían espabilarme. Un buen polvo, pensaban, me convertiría en el cachero que ya entonces quería ser.

Encontramos a Vanessa, una morena de cuerpo esbelto y sonrisa risueña con la que mis amigos propusieron como pareja idónea para esta nueva aventura. Como no tenía efectivo, pagué con tarjeta 70 soles (en efectivo era 50) más dos soles que costó el preservativo y propusimos a ir al cuarto donde  encontré a Gambito y su meretriz esperando que haya un cuarto disponible. En plena espera, Jorge y Andreé, palmas al hombro, me daba unos tips para que mi experiencia sea lo más placentera posible. Ella, me contó que estudiaba Farmacia y Bioquimica en la Universidad Central de Venezuela y  que por la ya acrecentada crisis política, económica y social de su país tuvo que emigrar hacia el Perú en busca de un futuro brillante tanto para ella como su familia. Ya en el cuarto, propusimos a desvestirnos y procedió a colocarme el preservativo y lubricante y procedió con el fellatio. Duró unos 5 minutos aproximadamente. No visitó boloñas. Noté que tenia frenillos en la boca pero sabía como no lastimar el miembro viril que había salido de la cueva listo para la batalla. Una vez terminado con el fellatio, procedió a cabalgarse encima mío con sus piernas en cuclillas encima de la cama. Yo estaba recostado boca arriba y noté que tenía un piercing en el ombligo. A continuación, procedió a recostarse encima mío y con sus rodillas en la cama procedimos con la pose del misionero conmigo boca arriba. Pude tocar sus pechos que eran pequeños pero firmes, parecían dos limones. Después cambiamos a la pose del perrito, le pedí el adicional pero me dijo que no daba ese servicio así que no insistí y procedí con el ajetreo. Le di su respectiva nalgada y la flaca preocupada porque no me venía propuso cambiar de pose ella recostada mirando boca arriba y yo encima de ella con sus piernas al aire libre. Estuvimos así un buen rato hasta que cambiamos y recostó sus piernas en mis hombros y procedí a penetrarla meneando mi cuerpo como si de un baile se tratara. Finalmente no pude mas y me vine asi que la flaca se fue al baño y a mi me alcanzo ph y nos vestimos otra vez. Me dio su número para llamarla por 150 la hora puedo tener todos los polvos que quiera me dijo asi que acepté por cortesía mas no la volveré a llamar porque detesto repetir y me gusta probar cosas nuevas.
Edad: dijo 24 años (si los aparenta)
Tiempo en el labruro: Dos años quizás. 
Tatuajes, señas particulares: Solo un piercing en el ombligo
Servicio anal, adicional: No lo da.
Higiene: La flaca se lavó con ph al final. No noté malos olores
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Jajajajaja....buena historia, tienes buenos amigos 

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