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Vino para estudiar física y terminamos estudiando anatomía


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Desde mi última publicación, he pasado por varios buenos momentos que son mérito para relatar, como: haberme cogido a una madura de 35 años divorciada que me encontré en una fiesta, estar con una amiga cercana que estaba despechada por terminar su relación, con otra flaquita que vino a chupar a mi casa y terminó chupando otra cosa, etc.

A esta chica (la llamaremos Anto) ya la conocía hace tiempo, pero nunca hubo insinuaciones de ningún tipo porque supongo que no nos llamábamos la atención, hasta que un día necesitaba aprenderme unos temas de mi carrera y para ello requería enseñarle a alguien para que se me quede grabado. Así que le pasé la voz a esta flaquita, que ya me había apoyado en esto varias veces. La chica tenía unos pechos medianos, un culo que resultó ser grande —solo que usaba ropa holgada— y de rostro era muy bonita.

Anto aceptó y me preguntó si tenía algo para tomar luego de terminar de estudiar; le dije que no, pero se me hizo raro que me dijera eso. Entonces me propuso llevar un vino si yo compraba Four Lokos. Compré dos y ella trajo vino. Hicimos un brindis para que nos vaya bien en los exámenes y nos pusimos a estudiar mientras tomábamos.

Copa tras copa, los temas dejaron de ser académicos y empecé a meter floro: le pregunté si alguna vez había tenido flaco, si ya había chapado, qué solía hacer en las fiestas si había un pata que le gustaba, qué es lo que más le emocionaba de una relación, si le gustaban los términos y condiciones de los amigos con derecho, etc. Básicamente preparé el terreno para tantear si aceptaría que pase algo, y después de ese miniexamen saqué la conclusión de que sí podía lanzarme sin asustarla y respetando sus límites.

Le dije: «Si estuviéramos en una fiesta, ¿estarías dispuesta a que nos besemos?». La flaca me respondió que «no» y se rió coquetamente, así que le solté: «Pues no estamos en una fiesta y sí nos podemos besar». Se rió y terminó acercándose a mi rostro.

Empezamos a besarnos y poco a poco fuimos incrementando la intensidad, lo que hizo que aumentara la emoción. La cargué para besarla con más pasión, la llevé a la cama y, conmigo sentado y ella encima mío, hice que empezara a menearse. Agarró el ritmo y comencé a darle besos en el cuello, a sacarle la ropa y el brasier. Soy bueno haciendo que las chicas se exciten, lo que ayudó a que me dijera que quería hacerme un oral. Me bajó el pantalón, le dije que era todo suyo y la flaca empezó a darle por 15 minutos; hacía bastante ruido la tragona, así que tuve que poner música para que no se escuchara.

Estaba en su salsa hasta que le dije que nos acostáramos. Ella aceptó y me preguntó si tenía condón. ¡Ptmr! Creí que no tenía preservativo porque olvidé comprar, hasta que recordé que de las cajas de tres que usaba con mi exnovia siempre sobraba uno y los guardaba por ahí. Haciendo memoria encontré el único que quedaba y empezamos. La chica estaba supermojada; le hice un oral, me coloqué el poncho y le di en misionero. La flaca gemía y cerraba los ojos mientras me decía: «¡Qué rico, carajo, sigue moviéndote así!». Como yo me excito bastante por el lado auditivo, tuve que concentrarme y manejar la respiración para controlar el momento. Le puse las piernas sobre los hombros y ya estaba en otro mundo; luego la puse en cuatro, salí ganadazo, la empalé y le seguí dando mientras le jalaba el cabello y el brazo. Le preguntaba si estaba bien y respondía totalmente ida. Por último, le dije que se pusiera encima para que termine; se montó, empezó a moverse muy bien y se puso intensa la flaca. Al final hice que el poncho batallara por 30 minutos. Ella satisfecha y yo también, nos echamos en la cama y se acomodó sobre mi brazo para marcar la dominancia.

Luego nos dio hambre y nos cambiamos; no estudiamos casi nada porque el alcohol nos pasó factura. Comimos hamburguesas y quedamos como amigos con derecho: si nos apetecía, nos poníamos de acuerdo y listo. Es bacán cuando ambos quedan en buenos términos y no hay paltas. Hasta el momento no hemos vuelto a coordinar porque prefiero que ella me hable para no insistir tanto; al final, carisma mata galán y no me complico por una sola opción.

Cuando vuelva inspirado contaré una que viví en la Candelaria con una madura voluptuosa.

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